
¿Y
ahora qué?
Ya estamos de lleno en campaña electoral, aunque le llamen
precampaña. La oposición del color que sea siempre esta en precampaña. Ahora
que ya están convocadas las elecciones para el 29 de noviembre. Estamos oyendo
y leyendo de todo. Me temo que aun oiremos y veremos muchas cosas y no muy
bonitas. Quizás al PPVOX no les interesa mucho gobernar todavía porque su jefe
Trump los va a meter en una crisis económica importante, con sus vaivenes de
guerra y concesiones a su amigo Putin, supuesto enemigo de Europa, al que había
que arruinarlo por la invasión a Ucrania, el país que estaba vetado por todos.
Ahora que se ve con el agua al cuello sin opción B para obtener petróleo por el
lio de Ormuz, permite que Putin vuelva a facturar petróleo y así poder tener
liquidez para rearmarse. Evidentemente como Ucrania se opone a ello ahora el
malo es Zelenski como lo es Sánchez por oponerse a respaldarlo en una guerra
sin sentido y donde se ha visto que por mucha amenaza de ese señor es incapaz
de solucionar nada. Pero ahogar a Cuba eso si lo hace, aunque no invada a nadie
y no sea muy democrática como Arabia Saudi o Venezuela que iba a liberar y
sigue con el mismo gobierno. Evidentemente solo iba a por el petróleo.
Así es el jefe de esta gente que quiere gobernarnos a partir del
29N. Sin criterio propio y decidiendo según se levante.
Ahora nos toca a nosotros decidir que queremos. Según todos los
sondeos que ya sabemos como se hacen y como sale después tendremos mayoría
absoluta de la derecha junto con la extrema derecha. Sabemos que los partidos
de izquierda, como siempre que tenemos elecciones, no llegaran a ningún acuerdo
para unirse empezando por Podemos que aun estoy esperando que hagan autocritica
de su desastre después de la esperanza depositada en ellos allá por el 15M de
no se que año ya. Estoy esperando autocritica de la izquierda de porque han
sido capaces de desconectar del mundo obrero y hacer que estos se dejen engañar
y voten a la extrema derecha.
Hay una reflexión de Jose Carlos Ruiz (Filósofo) en su libro “El
arte de pensar” que responde a la mitad de lo que está pasando:
“De un modo sutil, y si me apuran casi elegante, el sistema
liberal de mercado, el capitalismo, ha logrado el crimen perfecto. Lo admirable
de este crimen es que no va a ser portada de noticieros, ni se celebrará
funeral por la víctima, entre otras cosas porque nadie sospechara que está
muerta. La falta de sospecha se justifica porque el sistema ha sabido ocultar
al peor enemigo que tenía enfrente: el Pensamiento Crítico. Para hacerlo
ha lanzado cortinas de humo desviando la atención hacia otros adversarios y
problemas (el cambio climático, los antisistema, el posthumanismo, el
terrorismo fundamentalista, la crisis económica, la robotización de lo
cotidiano…) mientras se encargaba de dejarlo moribundo y reemplazarlo por una
copia manejada a su antojo.
Evidentemente falta la segunda parte, porque estando en el
gobierno no han puesto soluciones a esta perdida de pensamiento critico en las
escuelas ni en las universidades. Quizás a todos los partidos les interese que
este pensamiento desaparezca así somos más manipulables. De esto hablaba ya en
los años treinta del siglo pasado la filosofa y activista francesa en “Apuntes
sobre la supresión general de los partidos políticos” :
“Es verdad que los partidos políticos dicen que educan a quienes
se han acercado a ellos: simpatizantes, jóvenes, nuevos afiliados. Esas
palabras son un engaño. Se trata de una domesticación que prepara el dominio
mucho más riguroso que ejercerá el partido sobre el pensamiento de sus miembros
(…) Casi por todas parte, e incluso a veces por problemas puramente técnicos la
operación de tomar partido, de tomar posición a favor o en contra, ha
sustituido a la obligación de pensar.”
Sí, entre todos se ha dirigido a la más de la mitad de los
votantes a optar por quienes van a fastidiarles la vida ¿debe un obrero votar a
quien le va a reducir su salario, a quien le va a buscar las cosquillas cuando
este enfermo y no pueda pagarse un seguro médico, ni una intervención
quirúrgica para salvar su vida? ¿Debe un jubilado votar a quienes ya están
pregonando que el sistema de pensiones se debe desmontar y congelar de por vida
a los que cobran ahora? ¿Debe una mujer votar a quien niega la violencia sobre
ellas y pretende pasarlas a un segundo plano como hicieron sus antepasados? Son
preguntas que cada cual responderá a su manera y dirá que los otros son unos
corruptos. Si hay casos de corrupción en el PSOE (más mediatizados por la
prensa adepta a la derecha, mayoría en este país tanto en papel como en audio
visual), en el PP (más escondidos por esos mismos medios que les gusta
regodearse con el contrario), en CIU que ya ha sido juzgado y no se con que
veredicto, si lo ha habido.
Quizás la solución a todo esto sea tener listas abiertas y votar a
gente de todas las tendencias que quieran trabajar por un país más justo para
todos los que en él vivimos.
Pero esto es una utopía que se fue enquistando con el tiempo ahora
reina el “quítate de ahí que ese es mi sitio”. El otro día Eduardo Mendoza dijo
en una entrevista en Plano General en TVE2 “Es el momento de hacer una nueva
transición y no en el sentido que se pretende hacer ahora, sino en la empezada
después del franquismo” Esto requeriría una regeneración de todos los partidos
que se dicen democráticos. Aquí esta el problema que con los que están al mando
en estos momentos poca probabilidad en tan poco tiempo le veo.
Cada cual votará a lo que le dicten sus convicciones o lo que le
diga la televisión que vea ¿Pensarán en los perjuicios que conllevará su voto?
Espero que sí.
Pensemos en el bienestar general y no votemos en algo que nos
arruinará la vida. Quizás el ejemplo Trump no es el mejor a seguir. Quizás la derecha no quiera gobernar porque
sabe lo que les va a venir encima con las jugarretas de su jefe yankee. Pero en
todo caso no culpemos a los migrantes de nuestros males, quizás los
especuladores nos dejen acampar en los alrededores de las ciudades, seguramente
haya que recurrir a las chabolas de antaño para protegerse del frio (poco) y la
lluvia. Cuando los dueños de resorts de lujo quieran que la costa mediterránea
sea para los que puedan pagárselo nuestros hijos y nietos serán los servidores
de estos señoros a cambio de un plato de lentejas con algo de verdura. Sí los
que os echan de vuestras ciudades no son los migrantes son los ricos que
quieren enriquecerse más a vuestra costa.
Siempre tengo esperanza en el ser humano espero que no me
defrauden. Quizás sea mucho pedir. “La esperanza es lo último que se pierde”
