lunes, 30 de mayo de 2022

 


La estupidez humana

 

Hace unos meses me decidí a leer algunos libros sobre la estupidez humana o como prefiere llamarla Jose Antonio Marina “La inteligencia fracasada”. Es verdad que Erasmo de Rotterdam ya escribió un tratado sobre esto en 1511 “Elogio de la estupidez”, no he leído el libro todavía y no puedo comparar si hemos evolucionado algo en estupidez o estamos al mismo nivel que en el siglo XVI. Porque lo que me interesa es la estupidez del siglo XXI o mas bien de los años veinte de este siglo.

                       No voy a hacer una tesis de la estupidez en nuestro siglo XXI solo voy a comentar algunas frases de los libros leídos y dar mi humilde opinión sobre ello.

             Convendréis conmigo que como nos dice J.A. Marina:

“Si existe una teoría científica de la inteligencia debería haber otra igualmente científica de la estupidez.

Pero quizás no interese saber nada o más bien se sabe mucho y por eso se es capaz de idiotizar al nivel que se está idiotizando a la sociedad. Es evidente que erradicar la estupidez haría que la sociedad cambiase y que todos los poderosos (mandamases) actuales perderían sus privilegios. Nuevamente comparto con Marina que:

Si la inteligencia es nuestra salvación, la estupidez es nuestra gran amenaza. Por eso debe ser investigada, como el sida”, y yo añadiría que esta lacra es la pandemia más nociva contra la humanidad

             Pero definamos lo que entendemos por inteligencia y por estupidez. La estupidez según André Comte-Sponville como:” Falta de inteligencia: consiste en pensar como un animal o, mejor, como se supone que piensas las bestias, o sea mal o demasiado poco. Es una noción por naturaleza relativa. Tanto la estupidez como la inteligencia solo se expresan por comparación o por grados. Esto concede una oportunidad a los imbéciles (siempre hay algo más bestia que ellos) y a los genios (siempre queda en ellos algo de estupidez que superar). “Fui un estúpido”, se dice frecuentemente. Esto supone no que no se sea, sino que es menos”. ”. Carlo M. Cipolla en su tercera ley fundamental de la estupidez define que:” Una persona estúpida causa un daño a otra persona o grupos de personas sin obtener, al mismo tiempo, un provecho para sí, o incluso obteniendo un prejuicio”

En cuanto a la definición de inteligencia J.A. Marina nos dice:” Llamo inteligencia a la capacidad del sujeto para dirigir su comportamiento, utilizando la información captada, aprendida, elaborada y producida por uno

Comte-Sponville la define como:” Es la capacidad, mayor o menor para resolver un problema, o, dicho de otro modo, para comprender lo complejo o lo nuevo

             De mis lecturas también comparto la afirmación de Marcos Eguiguren Lahuerta, que nos dice:

En tan solo veinte años el siglo XXI ha dado suficientes muestras de que no nos equivocamos demasiado si lo etiquetáramos ya como la era de la estupidez”

Es paradójico que en la era de mas acceso a la formación y la información encontramos cada día más seres humanos que se dejen llevar por los acontecimientos, que salen a manifestarse por la defensa de su equipo preferido de fútbol y se dejen robar, insultar y mentir diariamente.

             Ya nos adelantó Bertrand Russell a qué se deben las dificultades por las que atraviesa el mundo “a que los ignorantes están completamente seguros y los inteligentes llenos de dudas.”

             Estamos en la época en la que a pesar de la mejor formación de los jóvenes, en el mundo occidental, se está poniendo en práctica, otra vez,(y lo peor es que está funcionando),aquella máxima de Goebbels, el propagandista del nazismo: “Si repites una mentira con frecuencia suficiente, acabará convirtiéndose en verdad”.Lo oímos a diario en los discursos de nuestros políticos y en sus medios propagandísticos, sobre todo los que están en la oposición o en la presidencia de ciertas comunidades autónomas.

Estamos en el auge de la afirmación de Groucho Marx sobre la política: “La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados” o no aplicar ningún remedio.

             En esto tienen mucho que ver los votantes también, ya que a fuerza de mentirles se han creído esas mentiras y ante la falta de criterio propio han aplicado los remedios equivocados, votar por los que recortan sus derechos sociales y los sumen en la miseria.

             No es descartable tampoco la influencia de las redes sociales y la televisión en el aumento de idiotización de los ciudadanos porque como nos recuerda Marcos Eguiguren: “La tiranía de las pantallas ha contribuido a la regresión imparable de la mente humana que en cuanto a capacidad de concentración y de comprensión de la complejidad se asemeja cada vez más peligrosamente a la de los peces”.

 Estamos en tal época de estupidez que hasta la historia nos quieren cambiar, porque como todos sabemos la verdad histórica es siempre relativa ya que depende de quien la cuenta y qué intereses defiende cuando lo hace.

 Abraham Lincoln dijo: “Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo, puedes engañar a algunos todo el tiempo, pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo”. Sin embargo, sí se está engañando a la mayoría de los ciudadanos todo el tiempo desde la gran ofensiva del neoliberalismo de los 80 y el resultado lo tenemos en los gobernantes y políticos de este siglo: Trump (USA), Bolsomaro (Brasil), Putin (Rusia), Endogan (Turquía), Ortega (Nicaragua), Orban (Hungría), Morawescki (Polonia), Johnson (Reino Unido) y tantos otros como los dueños del petróleo en el golfo pérsico, aunque a estos nadie les vota se heredan el poder entre ellos. No olvidemos tampoco a nuestros queridos políticos españoles, reconociendo que el gobierno de coalición tampoco brilla en exceso, aunque no quiero imaginarme una coalición PP/VOX en Moncloa. Con las Ayuso I de Madrid, Macarena la de Salobreña, Abascal el reconquistador y todos sus palmeros.Sería interesante que alguien entendido en el tema hiciese una tesis muy profunda de que narices está pasando en nuestro país y en el mundo.

 Todo esto se adviene porque como nos dice Eguiguren: “Vivimos en la cultura del titular o el microvídeo porque hemos perdido la capacidad, la paciencia y el interés de leer textos más largos y complejos, de analizar argumentos y de buscar pros y contras a las cosas”.

 Estamos en la época del populismo y la propaganda y como dijo el nazi Goebbels: “La propaganda funciona mejor cuando aquellos que estén siendo manipulados estén convencidos de que actúan de forma totalmente libre”, y todos esos que revindican la caña y la tapa, la caza y los toros como libertad son de éstos que se creen libres en el mundo.

             Se están creando cada vez más fanáticos de ideas sin fundamento, se ha eliminado el razonamiento y surgió el ladrido (con perdón a los perros), se está instaurando la dictadura de las emociones ante la inteligencia que es la que debe anteponerse a ellas, porque como nos dice J. A. Marina: “Las emociones se vuelven irracionales cuando se adueñan no solo del corazón, sino de la mente humana.

 Todos los intentos modernos de estabilizar el orden sociopolítico, nos dice Yuval Noah Harari, no han tenido otra elección que basarse en uno de estos dos métodos científicos (yo diría más bien que se han basado):

 a)    Tomar una teoría científica y, en oposición a las practicas científicas comunes, declarar que se trata de una verdad final y absoluta. Este fue el método utilizado por los nazis (que afirmaban que sus políticas raciales eran los corolarios de hechos biológicos) y los comunistas (que afirmaban que Marx y Lenin habían conjeturado verdades económicas absolutas que nunca podrían ser refutadas)

b)    Dejar fuera la ciencia y vivir según una verdad absoluta no científica. Esta ha sido la estrategia del humanismo liberal, que se basa en una creencia dogmática en el valor y los derechos únicos de los seres humanos, una doctrina que tiene embarazosamente muy poco en común con el estudio científico del homo sapiens.

 No deja de ser chocante en estos libros sobre la estupidez humana que se ensañan mucho, como es normal, con las ideas nazis y las totalitarias de un supuesto comunismo que nunca existió. Y sin embargo, en ningún momento he leído sobre la idiotez de supuestos partidos que “se desviven” por los ciudadanos y que no dudan en tergiversar la historia y los hechos cotidianos, que niegan la realidad no tienen programa de gobierno y meten a los fascistas en sus gobiernos. Estos libros están más enfocados en decirnos que lo más normal es cambiar nuestra manera de pensar si tenemos ideas más progresistas. Esas son las que debemos cambiar antes.

 Evidentemente la mejora de todo esto pasa por una reforma del sistema educativo que forme a ciudadanos con capacidad de pensamiento y lo que se ha creado es un sistema educativo preparado para enseñar a producir y hasta en eso se ha fallado. Es necesario tener un sistema escolar que premie el esfuerzo y el logro, y que se focalice en enseñar, a razonar, a debatir, a analizar las cosas, a discriminar, a aplicar el criterio independiente.

             Lo que es innegable es que en el siglo de la estupidez hemos sido capaces de demostrar que, a pesar de todos nuestros innegables avances como humanidad, en muchas cosas no estamos muy lejos de la Edad Media.

 Todo esto me conllevó a escribir algo parecido a un poema, para nuestros conciudadanos españoles, basado en poemas de Gabriel Celaya.

 

Excelentísimo obrero español

Yo, Juan Antonio Luque, aspirante a poeta

Que pase lo que pase siempre seré español

Abro mi pluma para que mis malas costumbres

Nunca eviten que alumbre

El letargo del invierno

Rebuscando cada palabra

Cada línea, cada verso

Que llegue a tu pensamiento

 

Perdona mi arrogancia

Quizás no lo entienda del todo

¡Quizás tu no entiendas nada!

Ni despejar mis incógnitas sepa

Nos estamos quedando sin tiempo

Detrás de cada consecuencia

Siempre existe un motivo

El motivo ha sido tu falta de pensamiento

La estupidez de muchos que seguiste con los ojos cerrados


Sabemos como hemos llegado hasta aquí

Necesitamos encontrar alternativa

No quiero perder la esperanza

Te escribo para ayudar a parar la hemorragia

Lo que más teme el silencio es el valor de la palabra

¡Me niego a que nuestro, hermoso, país vuelva al pasado!

¡Me niego a que España se sumerja de nuevo en las tinieblas!

Cuanto me duele solo imaginarlo

 

Bibliografia:

 La inteligencia fracasada,      Jose Antonio Marina

Estupidocracia,                       Marcos Eguiguren Huerta, Ed. Gedisa 2022

Breve tratado sobre la estupidez humana    Ricardo Moreno Castillo, Forcola, 2018

Allegro ma non troppo,          Carlo M. Cipolla, namb 1988

Diccionario de filosofía,          André Comte-Sponville, Paidós Surcos 6, 2001

Sapiens de animales a dioses           Yural Noah Harari, Debate, 2016

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