Son las 8 de la mañana y en la radio surge la noticia: “Ha muerto Miguel Delibes”. El corazón me da un vuelco, y presto atención a lo que dicen en la emisora, tanto el locutor, como todos los invitados y comentaristas habituales, más los que se van uniendo en el transcurso de los minutos siguientes. Por supuesto todos sin excepción comentan la perdida que supone para las letras españolas la desaparición de este escritor.
Me llama la atención, que varios de los que intervienen dando su parecer sobre la vida y obra de Delibes, después de destacar sus valores literarios, hablen del hombre, de la persona, que estaba detrás del genio literario. Cuentan anécdotas que recordaban de él, y terminan relatando hechos simpáticos, y hasta graciosos, que habían vivido juntos. Esto hace, que cuando vuelvo a casa por la tarde, me dedique a revisar noticias que se dieron en su día en torno a Don Miguel. En esta búsqueda, tropiezo con una entrevista que le hizo una nieta suya, Ángeles Corzo, con ocasión de la concesión de el “Premio a los Valores Humanos por su «defensa de la libertad, su sensibilidad personal hacia los desfavorecidos y su compromiso con la naturaleza»”.
Por supuesto que no me encuentro capacitado para analizar ningún aspecto de la obra de este gigante de las letras, pero si que me gustaría dejar constancia de la opinión que me merece como ser humano.
Leyendo la entrevista, me tropiezo con unas declaraciones que hace ante la pregunta: ¿Se debe premiar al defensor de estos valores? Copio textualmente:
“Antaño, todo hombre nacido de mujer se consideraba portador de cosas positivas, de algo digno, algo noble, unos valores, en suma. Pero la descendencia de Caín pesaba sobre nosotros, y el hombre que era portador de reservas morales se convirtió en un ser peligroso, maligno, de difícil definición. Ahora, el hombre miente, ataca, mata, hiere, viola y su presencia lógicamente engendra desconfianza. El hecho de ser parido por mujer no lo dignifica ni quiere decir nada. Sinceramente, el hombre que se esfuerza por ser mejor, que defiende la naturaleza, que sostiene ideas de amor, paz y progreso por su rareza, bien merece ser distinguido, con un premio o con lo que sea”.
Y un poco más adelante, cuando su nieta le pregunta cual ha sido el premio que más le gusto o que más le hizo ilusión, dice que el Nadal, y relata sus circunstancias con estas palabras:
“Salí entonces a la redacción y grité: «¡Soy finalista del Nadal!». Todos se revolucionaron. El director, que hasta entonces no sabía nada, llamó al café Suizo de Barcelona, donde se reunía el jurado y me dijo que había ganado. Te puedes imaginar entonces, la emoción, las felicitaciones, los abrazos… Cogí corriendo la bicicleta y me fui a casa donde me esperaban mi mujer y mi hijo Miguel, de 11 meses. Nos abrazamos locos de alegría”.
En una de las fotografías que acompañan a la entrevista, se ve a:
¡¡SU GRAN AMOR. Ángeles de Castro. Falleció a los 51 años en una clínica de Madrid. El escritor dijo entonces: «Ha muerto la mejor mitad de mí mismo, mi equilibrio»!!
Poco más me queda por añadir después de los testimonios arriba expresados por este “HOMBRE BUENO”, que además fue y seguirá siendo para la historia una de las plumas más brillantes que dio el siglo pasado en nuestra Patria.
Con mi emocionado recuerdo, descanse en paz, MIGUEL DELIBES.
Francisco

Fotografía en la que se ve a Miguel Delibes con su nieta Alicia, y detrás de ellos, la fotografía de “mi equilibrio”, su mujer, Ángeles de Castro.

1 comentario:
Buenos días Francisco.
Yo también quiero unirme a tu homenaje y al de tantas otras personas, aunque sólo sea para dar gracias por haber tenido la suerte de vivir en su tiempo y haber disfrutado con la lectura de alguna de sus novelas.
Personas como él, y como tú también, hacen más grata la vida.
Que descanse en paz junto a su amada esposa.
jg.
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