CON EL RATON EN LA MANO
COMPRAS “ON-LINE” (POR INTERNET)
“Recuerda siempre, que nadie regala nada”
Amigo lector: Seguro que en tus paseos por Internet, te has encontrado con ofertas de todo tipo muy tentadoras. Has oído hablar bastante de los viajes que este o aquel, han efectuado a cualquier lugar del mundo, por un precio mínimo, en algunas ocasiones hasta ridículo. Te han aconsejado que no vayas a las agencias de viajes para comprar los billetes del AVE, porque en la red están mucho más baratos. Tu vecino te enseña ese aparato que ha encontrado en un portal de Internet, y que cuando te dice el precio, le dices que no puede ser, que lo has visto en tu última visita a la gran superficie “Fulánez”, y estando de rebajas, costaba veinte veces más. Tu sobrino se fue a pasar el fin de semana a Londres, y pago 5 euros por el billete de avión. Y así hasta el infinito.
Lo curioso del caso es que, todo o casi todo esto es verdad. Si miramos las estadísticas que aparecen en distintos medios de comunicación, veremos que las compras a través de la red, son cada día más y más voluminosas. En nuestro país, las cifras crecen a buena velocidad, a pesar de que estamos prácticamente a la cola del resto de las naciones de nuestro entorno. Se puede leer en algunos sitios, que las agencias de viaje, declaran que hasta el 80% de los billetes de avión los venden a través del ordenador. Igual ocurre con otros productos que ofrecen. Muchas de ellas, han cerrado, o están por cerrar cantidad de oficinas, por no ser rentables.
Pero también es verdad que estas compras las tenemos que hacer casi a ciegas, porque la “tienda” no la ves físicamente, debes fiarte de lo que ves en tu pantalla mediante unas fotografías, no muy claras, con nombres casi siempre en ingles, con direcciones en sitios lejanos, con condiciones de compra confusas, en fin con muchas pegas, y lo único claro es que debes dar el numero de tu tarjeta de crédito, para que te envíen la mercancía. Y aquí surgen mil y una preguntas, dudas de todo tipo que hacen que de no tener un conocimiento amplio de estas cuestiones, el que más y el que menos, dice: “Bueno, como no estoy seguro lo dejo y lo compraré en……., en la tienda de siempre, que aunque me cueste más, lo puedo ver, tocar, y lo de Internet queda para otros”. Con lo cual, quizás dejes pasar una ocasión de hacer un buen negocio. Para intentar que esto no te ocurra, voy a detallarte, lo más breve posible, una serie de recomendaciones que seguro te ayudaran a evitar posibles fraudes, y que tus operaciones sean lo más seguras posible.
LO QUE DEBES HACER…..
1º. Comprueba la identidad de la empresa
2º. Si tienes dudas, conecta con el vendedor
3º. Elige un sistema de pago seguro
4º. Cifrado de datos
5º. Busca opiniones favorables en foros de Internet
6º. Fíjate en la apariencia de la pagina
7º. Revisa la garantía y el servicio técnico
8º. Mantén tu equipo libre de virus
LO QUE NO DEBES DE HACER…..
1º. Confiar ciegamente en el comercio electrónico
2º. Comprar a un vendedor fuera de eBay
3º. Pagar por pujar en un portal de subastas
4º. Pinchar en los banners de las redes sociales
5º. Utilizar Western Unión para pagar
6º. Confiar en las ofertas de correo
7º. Enviar datos bancarios por email
COMO RECONOCER UN ANUNCIO FALSO
1º. El nombre es parecido, pero no es igual
2º. Especificaciones técnicas distintas
3º. Foto distinta a la del producto original
4º. El precio es demasiado bajo
5º. Imagen de mala calidad
6º. Foto obtenida en la pagina del fabricante
7º. Los cable y accesorios son distintos
8º. El embalaje es distinto del original
Soy consciente de que alguna o muchas de las condiciones que te he detallado, puedan resultarte un tanto desconocidas, por lo que como tantas veces digo, antes de tomar una decisión importante, consulta con alguien que aclare tus dudas. Considero que pocas relaciones humanas son más bonitas, que la surge entre alguien que pregunta con el afán de aprender, y otro que responde para ayudarle.
Si, a pesar de tomar todas precauciones, te han estafado, te traslado lo que aconseja Rubén Sánchez, portavoz de FACUA, ante una situación así: Debes de internar ponerte en contacto con la empresa o el vendedor. Si no contestan, que será lo más seguro, debes de denunciarlo ante las administraciones publicas correspondientes. Puedes recurrir a alguna de las asociaciones de consumidores. Por fin informar al fabricante original, que aunque no pueda hacer nada ante una mala copia de su producto, podrá dar la voz de alarma, para que no le ocurra lo mismo a otros.
¿Quiere esto decir que no debemos de comprar en las tiendas on-line, muchas de ellas asiáticas? No debemos generalizar, porque como en todas las relaciones humanas, hay gente mala, pero también hay muchos más que son honrados. Lo mejor es, una vez más, tomar todas las precauciones posibles para evitar sorpresas desagradables.
En cuanto a la posibilidad de controlar las falsificaciones en Internet, es una tarea sumamente complicada, ya que debemos de partir de la base de que la coordinación entre administraciones de diversos países, es prácticamente imposible. Resumiendo, ten mucho cuidado.
Este asunto de las compras por Internet, es muy complejo y como he intentado explicar en estas líneas, tienen un sin fin de facetas a considerar, por lo que es mi intención dedicarle otros escritos para aclarar en la medida de lo posible, todas las dudas que os puedan surgir, y que por supuesto, estén a la altura de mis conocimientos. Para poder ampliar los conceptos que yo he reflejado hasta aquí, os podéis informar en la revista “COMPUTER HOY” Nº 268. Esta publicación, junto con varios otros títulos de la misma editora, son las mejores en su género. Os aconsejo muy de veras que las consultéis cuando tengáis ocasión.
Hasta que llegue el momento de volver a ponerme en contacto contigo, a través de este boletín, sabes que me tienes a tu disposición. Mientras estoy seguro que “con el ratón en la mano”, utilizándolo como tú sabes, tendrás unas compras más seguras en Internet. Animo y suerte
Francisco
miércoles, 24 de febrero de 2010
domingo, 21 de febrero de 2010
HABLANDO DE LA CRISIS
HABLANDO DE LA CRISIS
Celebrábamos el cumpleaños de un amigo, y nos habíamos reunido seis parejas para acompañarlo y felicitarle. Cenamos, y después de los postres y el café, nos pusimos a charrar de todo un poco, y entre bromas y veras, salió, como no podía ser de otra manera en estos momentos, el tema de la crisis, con sus consecuencias y motivos. En un momento determinado, uno de los amigos sacó a relucir un incidente que le había ocurrido hacía escasos días, y que fue motivo de una larga reflexión compartida entre todos. Nos contó lo ocurrido.
Su mujer le había dicho una tarde: “Vamos a salir a mirar alguna tienda, porque quiero comprarme unos zapatos”. Dicho y hecho. Miraron varios escaparates, y por fin entraron en un establecimiento. Pasados varios minutos, mi amigo se dirigió a su mujer que se estaba probando un modelo, y le dijo: “Vamos Violeta, deja todo y vámonos”. Ella extrañada, le pregunto el porque, y nuestro amigo le dijo: “Fíjate y verás”, y dirigiéndose a la empleada, entabló el siguiente dialogo:
Amigo:” ¿Me saca un número más grande?”
Empleada:”Hay más pequeños”
Amigo” ¿Tiene otro color?”
Empleada:”Es el único que hay”
Amigo:”Quizás en otra horma”
Empleada:”Está todo agotado”
En el tiempo que duró este breve dialogo, la, ¿podemos llamar vendedora?, no hizo mención de realizar alguna consulta, algún gesto, que disimulara su falta de interés en atender las demandas de su cliente.
Llegado este momento, nuestro amigo, mirando fijamente a la empleada, le dijo: “¿Verdad que no quiere vendernos ningún zapato?”. Y ante el silencio de la misma, cogió a su mujer de la mano, y diciéndole, “ves el porque”, salieron de la tienda.
El se preguntaba y nos preguntaba, que estaba ocurriendo desde hacia ya bastante tiempo, para que esta escena se repitiera con tanta frecuencia. Caeríamos en un grave error, si pensáramos que esto es general, y que ocurre en la mayoría de los establecimientos, pero si que es verdad, que ocurre demasiadas veces, y esto dio pie para que cada uno de nosotros opináramos y diéramos nuestras razones.
“¿Estaba la tienda muy llena, y la empleada se sentía agobiada?”. No, en la tienda no había otros clientes. “¿Tenía un mal día, por algún motivo físico o mental?”. En cualquier caso los clientes no tenían culpa alguna. “¿No estaba conforme con las condiciones de trabajo que ella tenía?”. Debería solucionarlo con su empresa, antes de que su malestar trascendiera a los clientes. “¿Sería la empresa la que tendría que estar al tanto de lo que ocurría, antes de que se llegara a esta situación?”. “¿Las relaciones entre empresa y trabajador, han cambiado tanto desde que nosotros empezamos a trabajar (todos somos jubilados), que no las entendemos?”. “¿Ya no existe aquel orgullo de la tarea bien hecha, del trabajo bien terminado, del sentimiento de que la empresa estaría contenta con nuestra labor, y en su reconocimiento estaba parte de nuestro salario, si no monetario si moral?”.”¿Esto pasa solo cuando se tienen pocos años, o afecta a todas las edades?”. Estas y muchas cuestiones más salieron en la conversación, en la que se vertieron también las más variadas opiniones, que confirmaron que el fenómeno está aquí y que afecta a todos los aspectos de la vida diaria.
Querría concluir insistiendo una vez más, en que opino que esto no es general, y que nos encontramos más veces con aspectos positivos que negativos, como tiene que ser en buena ley, pero no por ello no debamos de poner todos de nuestra parte, para que esto no prolifere, más bien al contrario, que cada uno de nosotros nos esforcemos en erradicar estos males de nuestra sociedad.
Cada vez que me enfrento a una situación parecida, en el que interviene el comportamiento humano, no puedo dejar de pensar, en que la solución está en la educación desde la más tierna infancia, y no solo en la escuela, que también, sino en el hogar, que es, según mi modesta opinión, donde se forma la persona, tanto para lo malo como para lo bueno.
Y tu, amigo lector, ¿Qué opinas? Francisco
Celebrábamos el cumpleaños de un amigo, y nos habíamos reunido seis parejas para acompañarlo y felicitarle. Cenamos, y después de los postres y el café, nos pusimos a charrar de todo un poco, y entre bromas y veras, salió, como no podía ser de otra manera en estos momentos, el tema de la crisis, con sus consecuencias y motivos. En un momento determinado, uno de los amigos sacó a relucir un incidente que le había ocurrido hacía escasos días, y que fue motivo de una larga reflexión compartida entre todos. Nos contó lo ocurrido.
Su mujer le había dicho una tarde: “Vamos a salir a mirar alguna tienda, porque quiero comprarme unos zapatos”. Dicho y hecho. Miraron varios escaparates, y por fin entraron en un establecimiento. Pasados varios minutos, mi amigo se dirigió a su mujer que se estaba probando un modelo, y le dijo: “Vamos Violeta, deja todo y vámonos”. Ella extrañada, le pregunto el porque, y nuestro amigo le dijo: “Fíjate y verás”, y dirigiéndose a la empleada, entabló el siguiente dialogo:
Amigo:” ¿Me saca un número más grande?”
Empleada:”Hay más pequeños”
Amigo” ¿Tiene otro color?”
Empleada:”Es el único que hay”
Amigo:”Quizás en otra horma”
Empleada:”Está todo agotado”
En el tiempo que duró este breve dialogo, la, ¿podemos llamar vendedora?, no hizo mención de realizar alguna consulta, algún gesto, que disimulara su falta de interés en atender las demandas de su cliente.
Llegado este momento, nuestro amigo, mirando fijamente a la empleada, le dijo: “¿Verdad que no quiere vendernos ningún zapato?”. Y ante el silencio de la misma, cogió a su mujer de la mano, y diciéndole, “ves el porque”, salieron de la tienda.
El se preguntaba y nos preguntaba, que estaba ocurriendo desde hacia ya bastante tiempo, para que esta escena se repitiera con tanta frecuencia. Caeríamos en un grave error, si pensáramos que esto es general, y que ocurre en la mayoría de los establecimientos, pero si que es verdad, que ocurre demasiadas veces, y esto dio pie para que cada uno de nosotros opináramos y diéramos nuestras razones.
“¿Estaba la tienda muy llena, y la empleada se sentía agobiada?”. No, en la tienda no había otros clientes. “¿Tenía un mal día, por algún motivo físico o mental?”. En cualquier caso los clientes no tenían culpa alguna. “¿No estaba conforme con las condiciones de trabajo que ella tenía?”. Debería solucionarlo con su empresa, antes de que su malestar trascendiera a los clientes. “¿Sería la empresa la que tendría que estar al tanto de lo que ocurría, antes de que se llegara a esta situación?”. “¿Las relaciones entre empresa y trabajador, han cambiado tanto desde que nosotros empezamos a trabajar (todos somos jubilados), que no las entendemos?”. “¿Ya no existe aquel orgullo de la tarea bien hecha, del trabajo bien terminado, del sentimiento de que la empresa estaría contenta con nuestra labor, y en su reconocimiento estaba parte de nuestro salario, si no monetario si moral?”.”¿Esto pasa solo cuando se tienen pocos años, o afecta a todas las edades?”. Estas y muchas cuestiones más salieron en la conversación, en la que se vertieron también las más variadas opiniones, que confirmaron que el fenómeno está aquí y que afecta a todos los aspectos de la vida diaria.
Querría concluir insistiendo una vez más, en que opino que esto no es general, y que nos encontramos más veces con aspectos positivos que negativos, como tiene que ser en buena ley, pero no por ello no debamos de poner todos de nuestra parte, para que esto no prolifere, más bien al contrario, que cada uno de nosotros nos esforcemos en erradicar estos males de nuestra sociedad.
Cada vez que me enfrento a una situación parecida, en el que interviene el comportamiento humano, no puedo dejar de pensar, en que la solución está en la educación desde la más tierna infancia, y no solo en la escuela, que también, sino en el hogar, que es, según mi modesta opinión, donde se forma la persona, tanto para lo malo como para lo bueno.
Y tu, amigo lector, ¿Qué opinas? Francisco
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